Cuando llega el momento de que nuestros niños vayan por primera vez a la escuela, visitamos colegio tras colegio y lo común es encontrar, en cada uno de ellos, salones de clases que tienen pegado en las paredes letras y números gigantes de colores, animalitos animados, caricaturas, globos, periódico mural, flores, mariposas, emoticones, foamy con brillantina, fotos emotivas, papel crepé, abejitas, banderines, moños y un sin fin de “estímulos” que hacen que el lugar parezca un salón de fiestas infantiles más que un salón de clases.

 

Vemos padres de familia contentos y emocionados de ver aquella fiesta de figuras y colores como sinónimo de “buena educación”, sin saber los riesgos formativos y conductuales que una sobre-estimulación innecesaria genera en la mente inconsciente de los niños.

 

La realidad es que todos esos materiales en conjunto, lejos de estimular saludablemente la mente inconsciente de nuestros niños, los está sobre-estimulando, lo cual trae como consecuencia una sobre-excitación, es decir, una carga innecesaria de estrés que más que ayudarles a concentrarse en lo más importante, los dispersa y los distrae, formando entonces niños más inquietos, hiperactivos, fantasiosos, incapaces de cerrar ciclos y de concentrarse por periodos prolongados.

 

La Dra. María Montessori desde hace más de un siglo observó que limitar la cantidad de estímulos era una práctica sumamente beneficiosa para el proceso de formación de los niños, ya que su energía psíquica estaría siendo bien canalizada y aprovechada para el aprendizaje real, evitando desperdiciarla. Propuso como parte fundamental de su método que el ambiente (salón de clases) estuviera planeado cuidadosamente para que cada cosa tuviera un impacto positivo, real y fundamentado en la mente inconsciente de los niños.

 

Es así como hoy en día al entrar a un Colegio Montessori podemos notar grandes diferencias en comparación con las escuelas tradicionales, principalmente que al entrar al ambiente se siente calma, paz y tranquilidad. Al tener paredes limpias con sólo los estímulos necesarios (fotografías de animales, personas y plantas  REALES – no de caricatura), los niños tendrán oportunidad de centrar su atención en lo más importante: LOS MATERIALES con los que desarrollarán sus diferentes habilidades, mientras al mismo tiempo irán dejando fuera de su aprendizaje LA FANTASÍA, para mejor ocupar esa energía psíquica en IMAGINAR, de manera creativa, formas diversas de aprender y disfrutar su formación y crecimiento.

Alexandra Carvallo es Doctora en Educación, Psicoterapeuta Ericksoniana y Guía Montessori certificada.

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