Por: Pablo Sotelo

 

Quería abrir la conversación con ustedes mis hambrientos amigos,
contándoles que hace unos días me dio por ponerme a comer,
y tal vez se estarán preguntando ¿qué tiene eso de raro?
la verdad, absolutamente nada; comer no es novedoso, muchos lo hacen tres veces
al día, otros menos, algunos comen bien, otros mal, y unos cuantos hasta glamoroso.

El punto es que tenía la necesidad humana de alimentarme entre jornadas laborales
y decidí ir a un pequeño restaurante que dice ser de tapas criollas y cerveza artesanal,
lo que sea que eso quiera decir, pero explican, que son pequeños platillos creados a través
del mestizaje jarocho con lo internacional; al parecer una transmutación española con la
cultura tradicional de Veracruz.

Obviamente mi primera impresión fue la misma que para muchos
como yo, quieren comerse el mundo de dos a cuatro. “No me voy a llenar”.

Aún así fui, y solicité el menú del día, no me pondría a escudriñar entre especialidades,
ya que, como les comentaba, lo que las personas buscan a esa hora es algo rápido, delicioso,
y dentro de sus posibilidades.

Ahora sí, a comer.

Las porciones fueron más que suficientes, la preparación clásica, acorde a una
cocina rústica, sin pretención alguna; los cocineros no buscaban experimentar con sus platillos,
sino que acentuaban firmemente el proceso anacrónico de comer. Y sí, me gustó.

Tiene otros fuertes que agradecí bastante, un buen servicio, nada sofocante, rápido y educado.
además de un ambiente en el cual podría ir tanto solo como acompañado y pasar una comida cálida,
sintiéndome libre de revivir anécdotas, llevar a cabo charlas filosóficas o de negocios.

Es imprescindible hoy en día que existan lugares en donde se pueda comer despreocupado,
acorde a nuestro paladar cultural, gustos y estilos de vida. Una mezcla perfecta entre ambiente
y cocina tradicional.

¿y de tomar?

Ocho Reales Porter; una de las tantas cervezas que tienen de catálogo, de la cual se percibe el sabor de sustan-
cia artesanal, con acentos amargos provenientes del lúpulo, café y tabaco, deleitable hasta la última gota, en la
que encontré lo que sin saber, estaba buscando.

Saldría de ahí con una promesa de volver de noche, cuando el restaurante se transmute y tome otra personali-
dad, se consuman otros platillos y la bebida sea la protagonista.

Resumen de la experiencia

Hora de visita: 2:35 p.m.
Tiempo para atenderme desde mi llegada: Inmediato.
Tiempo de entrega de la orden: Seis minutos.
Tiempo de entrega entre tiempos: Dos minutos.
Hora de salida: 3:30 p.m.
Costo del menú del día: 65 pesos
Costo de la cerveza: 55 pesos
Total gastado: 120 pesos + propina

Calificación:

Servicio: 5/5
Ambiente: 5/5
Sabor: 4/5
Presentación: 4/5
Temperatura: 3/5