Obviamente todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos, pero ¿realmente sabemos bien qué es lo mejor para ellos?

En la actualidad la felicidad y los objetos materiales están íntimamente relacionados. Como padres podemos pensar que mientras más cosas tengan, más felices serán, y algunos pensarán que mientras más grandes o caros sean los objetos, la dicha, el amor y el respeto serán desmedidos. Sin embargo, con tanta cantidad de juguetes, es lógico que muchos continúen prácticamente nuevos cuando se desechan o regalan a alguien más.

Los niños aprenden de las costumbres y tradiciones de la familia y sociedad en que viven, extrayendo lecciones de cualquier experiencia vital, buena o mala. Entonces el mensaje que los niños leen entre líneas es que la cantidad importa, más es mejor y nunca llega a ser suficiente.

Además que no saben elegir concienzudamente, ya que los niños de hoy viven en la más absoluta de las abundancias. Abundancia de comida, de juguetes, de ocio, de todo. Uno de los principales problemas de la abundancia, es que uno se puede volver extremadamente perezoso y no enseña a valorar distintas opciones y mucho menos a elegir. Si se tiene mucho de cualquier cosa al alcance, ¿para qué molestarse en tratar de hacer una buena elección? Los niños eligen sus regalos prácticamente por inercia y donde el resultado es pedir por pedir.

Se les debe enseñar que lo que pidan, debe estar tutelado por conductas meritorias de su parte y de esta manera también comprenderán que toda acción tiene una reacción y de incumplir con alguna regla de oro de su familia, dejará de ser acreedor a merecer en tono de exigencia u obligación, algún regalo en cuestión.

Recordemos que estas fechas son de compartir más que de recibir. Lo máximo para un niño es pasar tiempo con sus papás, jugar y divertirse con ellos, esto tiene más valor que cualquier regalo que se le pudiera dar.

¡Felices fiestas!

 

Por: Psic. Alejandra Schütte Magaña